Comunicación & Teoría Crítica


Antecedentes: El método marxista de interpretación de la historia, una fuerte lectura de György Lukács, Instrumentos tomados de la Filosofía de la Cultura, de la Ética, de la Psicosociología y de la Psicología de Freud.

 

Características del Enfoque: En esta Escuela hay cierta ambigüedad entre Teoría y Militancia, que haría crisis cuando el nazismo los hizo trasladarse, en la década del 40, a los Estados Unidos.  El único establecimiento que resultará ser un lugar estable para los investigadores exiliados es la Universidad de Columbia. Muchos de sus autores nunca regresaron a Alemania una vez terminada la guerra por temor a la persecución.

 

Este Enfoque manifiesta la coherencia de una escuela de Pensamiento que critica un mundo en el que la instrumentalización de las cosas acaba siendo la de los individuos. El ciudadano tiende a convertirse en un consumidor con un comportamiento emocional y aclamador, y la comunicación pública se disuelve en “actitudes, siempre estereotipadas, de recepción aislada”.

 

Esta teoría encuentra su punto de partida en la economía de intercambio:

 

La desocupación, las crisis económicas, la militarización, los gobiernos fundados sobre el terror, el estado general de las masas, no se basan, precisamente, en lo precario del potencial técnico, como pudo ocurrir en épocas anteriores, sino en las condiciones en que se lleva a cabo la producción, condiciones que ya no se adecuan al momento presente (Horkheimer, 1974, p. 245). 

 

Introducen el concepto de “Industria Cultural” (concepto trabajado por Adorno y Horkheimer). Analizan la producción industrial de los bienes culturales como movimiento global de producción de la cultura como mercancía. Los productos culturales, las películas, los programas radiofónicos, las revistas manifiestan la misma  racionalidad técnica, el mismo esquema de organización y planificación por parte del management que la fabricación de coches en serie o los proyectos de urbanismo.

 

La industria cultural se presenta entonces como un sistema en el cual se obtiene un cultura generada desde los métodos de serialización, estandarización y división del trabajo (Mattelart, 1996); es decir, a partir de un modo de producción. Dentro de este sistema, quienes trabajan en él suministran explicaciones tecnológicas: “el mercado de masas impone estandarización y organización; los gustos del público y necesidades del público imponen baja calidad” (Wolf, 1987, p. 94).

 

En la industria cultural, el individuo ya no es autónomo en los procesos de decisión, lo que se manifiesta en conflicto constante de impulsos y conciencia que culmina con la adhesión acrítica de los valores impuestos (Wolf, 1987). El consumidor, entonces, se vuelve objeto de la industria, perdiendo su soberanía (Adorno, 1967). 

 

La individualidad es sustituida por la pseudoindividualidad: el sujeto se halla vinculado a una identidad sin reservas de la sociedad. [...] Si en el siglo XVIII el propio concepto de cultura popular, dirigido a la emancipación de la tradición absolutista y semifeudal tenía un significado de progreso, acentuando la autonomía del individuo como ser capaz de tomar sus decisiones (Adorno, 1954), en la época actual la industria cultural y una estructura social cada vez más jerárquica y autoritaria convierten el mensaje de una obediencia irreflexiva en el valor dominante y avasallador (Wolf, 1987, p. 96). 

 

Entendían la racionalidad técnica como la racionalidad de la propia dominación, como el carácter coercitivo de la sociedad alienada. El terreno en el que la técnica adquiere su poder sobre la sociedad es el terreno de los que la dominan económicamente.

 

Consideran que la transformación del acto cultural en un valor destruye su capacidad crítica y disuelve en él las huellas de una experiencia auténtica. Si bien el iniciador de la escuela fue Horkheimer, la figura más típica ha sido Adorno. El exceso de conciencia crítica, la estructuración concéntrica y no fluyente de sus ideas, la originalidad terminológica, la abierta multiplicidad de niveles de referencia, hacen que esta dialectización de la dialéctica – o dialéctica negativa, para usar términos de Adorno - aparezca en un estilo apenas transitable por su misma riqueza intrínseca.

 

El único autor de la escuela que ha llegado al gran público en esa crítica ultra crítica de la cultura capitalista ha sido el que menos ha abandonado el papel militante: Herbert Marcuse quien investigó la astucia del sistema establecido para absorber y corromper toda mentalidad que en principio se le enfrente.

 

Autores/Referencias: Max Horkheimer, Leo Löwenthal, Theodor Adorno, Walter Benjamín, Siegfried Kracauer, Herbert Marcuse, Jürgen Habermas.

 

Wolf, M. (1987). La investigación de la comunicación de masas. Barcelona; Paidós.

 

Adorno, T. (1967). Résumé über Kulturindustrie, in Ohne leitbild: Parva Aesthetica. Francfurt, Alemania: Suhrkamp.

 

Mattelart, A. y Mattelart, M. (1997). Historia de las teorías de la comunicación. Barcelona, España: Paidós.

 

Horkheimer, M. (1974). Teoría crítica. Madrid, España: Amorrortu editores.


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