Comunicación-Mundo


Marx y sus continuadores hablaban del carácter “revolucionario” del capitalismo, cuya ley de supervivencia consiste en transformar continuamente las fuerzas productivas. En virtud de esa expansión y ese progreso permanentes, este régimen crea, sin saberlo, las condiciones de su propio derrocamiento desarrollando las fuerzas sociales y agudizando las contradicciones.

 

El “desarrollo” de cada sociedad concreta depende primero de la evolución de sus estructuras internas. Cada sociedad pasa obligatoriamente por estadios, y la historia de cada una responde a un “modelo sucesivo”. A esta visión de la historia, economistas e historiadores oponen un modelo sincrónico y simultáneo, objetando que la historia del capitalismo en numerosos países no corresponde con este esquema y que el “desarrollo” no es ineludible.

 

Porque es más bien al “desarrollo del subdesarrollo” a lo que estamos asistiendo en numerosas regiones del mundo. La unidad de análisis del capitalismo moderno no puede ser la sociedad nacional, sino el “sistema–mundo” cuyas naciones sólo son componentes. Esta hipótesis sobre la integración mundial emitida por el economista Paul Baran en 1957 en su Économie Politique de la Croissance coincide con la del historiador Immanuel Wallerstein en diálogo con el concepto de “Economía Mundo” de Fernand Braudel.

 

El concepto de “economía – mundo” se define según una triple realidad: un espacio geográfico dado; la existencia de un polo, “Centro del Mundo”; zonas intermedias alrededor de este eje central y márgenes muy amplios que en la división del trabajo se hallan subordinados y dependientes de las necesidades del centro. Este esquema de relaciones lleva un nombre: el intercambio desigual. El capitalismo es una” creación de la desigualdad del mundo” (Wallerstein, 1983) y sólo se puede concebir en un espacio desmesurado, “universalista”. El mapa de las “redes comerciales”, cuyas redes de comunicación constituyen una parte esencial, manifiesta esta configuración centrípeta del mundo, con sus jerarquizaciones y la coexistencia de modos de producción diferentes.

 

El concepto de Sociedad de Masas, asociado al de Cultura de Masas, había sido durante largo tiempo la referencia maestra de las controversias sobre la naturaleza de la modernidad de los Medios deComunicación. A partir de finales de los años sesenta, pierde esta condición de exclusividad: le suceden nuevas apelaciones para caracterizar la sociedad obsesionada por las tecnologías de la información y la comunicación. Estos neologismos cubren otras tantas argumentaciones, doctrinas y teorías sobre el devenir de nuestras sociedades.

 

La Sociedad se define en términos de Comunicación. Y ésta en términos de red. La Cibernética desplaza a la Teoría Matemática de laInformación. Las visiones críticas rechazan esta nueva idea totalizante y totalizadora, según la cual la humanidad habría alcanzado por fin un horizonte insuperable. Dan a las nociones de “mundialidad” y de espacio–mundo su carácter de construcción social. Las conectan de nuevo con la historia y demuestran en qué son componentes del “capitalismo mundial integrado”. Reinsertan esta economía de los flujos inmateriales en la memoria de sus  orígenes materiales.

 

El concepto de Comunicación-Mundo, inspirado en el de “Economía – Mundo”, sirve para proseguir el análisis de este nuevo espacio transnacional jerarquizado: la pesada lógica de las redes imprime su dinámica integradora, produciendo al mismo tiempo nuevas segregaciones, nuevas exclusiones, nuevas disparidades.

 

 El Sistema Mundial se organiza sobre el modo anseático, es decir, alrededor de algunos puntos a los que llegan los grandes flujos de la economía mundializada, megaciudades o megarregiones, en su mayoría en el norte, a veces en el sur, polos del “poder triádico” (Unión Europea, América del Norte y Asia Oriental). El mundo “global” es el globalmarketplace; se define a partir de los polos que irradian ese poder. A pesar de sus propios desequilibrios sociales, los grandes países industriales hacen siempre las veces de referencia única.

 

Ante el fracaso de la ideología racionalista del progreso lineal y continuo, la Comunicación ha tomado el relevo y se presenta como parámetro por excelencia de la evolución de la humanidad, en un momento histórico en el que ésta busca desesperadamente un sentido a su futuro. Las visiones contrastadas de  las problemáticas de la comunicación y de sus actores tienden en ese contexto a desaparecer del horizonte teórico.

 

 

Autores / Referencia: Armand Mattelart - Michèle Mattelart.


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